Para qué sirve la psicoterapia

Muchas veces dudamos si necesitamos ir al psicólogo, iniciar una terapia.
A veces ante un problema decimos cosas como: “lo que de verdad necesito es… que me toque la lotería, olvidarme de esto, encontrar novio, centrarme en el trabajo, tener una ocupación, que me dejen en paz…”.
También el psicólogo, cuando alguien acude a pedirle ayuda, se hace esa pregunta: ¿es terapia lo que necesita esta persona o es otra cosa?”.
Vamos a intentar delimitar cuándo la terapia puede ser útil:
- Ante determinados sentimientos desagradables que nos invalidan: estar asustado ante algo, estar muy triste o desanimado, enfadarse continuamente,…
- Ante crisis vitales importantes: cambios en la forma de vida, pérdidas, muertes,…
- Ante dificultades para relacionarse con los demás: no consigo hacer amigos o tener una pareja, discuto continuamente, me siento solo, soy muy tímido,…
- Ante pensamientos con los que me hago daño: me valoro poco, me veo inútil, me creo culpable de algo,…
- Ante acciones con las que me hago daño a mí o a las personas que quiero: a menudo hago cosas de las que luego me arrepiento por que creo que son dañinas para mí, pero no consigo dejar de hacerlas,…
- Para conocerme mejor: descubrir aspectos de mí que ignoraba.
- Para vivir mejor: aprender recursos o habilidades de las que no disponía: aprender a manejar y expresar las emociones, a relajarse, a relacionarse, …
Pero no todo problema es de terapia…
Porque todos tenemos dificultades muy a menudo. Todos tenemos conflictos con nosotros mismos o con los demás. Esto es algo normal, y que superamos con nuestros propios recursos y con la ayuda de las personas cercanas. Tener un problema o un conflicto no es razón suficiente para ir a terapia. Pero puede que ésta nos resulte útil si…
- La misma dificultad tiende a repetirse cada cierto tiempo.
- Los recursos de que disponemos no parecen ser suficientes esta vez (nos sentimos incapaces de afrontarlo y no tenemos quien nos ayude).
- Estamos demasiado débiles para hacer frente a esta dificultad en este momento.
- La dificultad implica acciones agresivas o autoagresivas.
Asimismo, todos nos sentimos mal de vez en cuando. Estar vivos es sentir, y por eso es natural y saludable que a veces estemos tristes, asustados, ansiosos o enfadados. Esto tampoco es razón suficiente para hacer terapia. Pero a veces los sentimientos nos juegan malas pasadas, y la terapia puede resultar útil si…
- El sentimiento parece no terminar ni evolucionar, sino que se cronifica (estoy casi siempre triste, asustado, o enfadado).
- El sentimiento es tan intenso que me siento desbordado o abrumado ante él. Cada vez que aparece “se me lleva”.
- El sentimiento me crea limitaciones importantes para mi vida cotidiana (por ejemplo, me impide encontrar amigos, ser independiente, salir a la calle,…).
- El sentimiento aparece una y otra vez sin que me de cuenta de su origen (no sé por qué estoy triste, o tengo miedo pero de nada en concreto).
Cuando un sentimiento dura mucho, es tan intenso que nos desborda continuamente, o limita nuestra vida puede que estemos atascados de alguna manera y nos haga bien ver la forma de salir de ese atasco. La depresión, las fobias o miedos patológicos, la ansiedad generalizada, etc. son formas en que nos quedamos detenidos en un sentimiento y nos impedimos fluir, vivir. En esos momentos, la terapia es una de las cosas que pueden ayudar.
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